En un entorno de bajos tipos de interés y una alta volatilidad en los mercados financieros, algunos inversores empiezan a volver cada vez más su mirada al mercado inmobiliario. Dentro de los distintos vehículos que nos ofrecen las entidades financieras para acceder a este mercado, se encuentra una amplia oferta de propiedades en la costa o zonas residenciales donde pasar nuestros períodos de vacaciones: campos de golf, estaciones de esquí, playa, etc.

El principal atractivo de adquirir este tipo de propiedades a través de una entidad financiera reside en las ventajosas condiciones de financiación que éstas ofrecen para los inmuebles que forman parte de su cartera de activos, que se incorporaron como consecuencia de ejecuciones hipotecarias que tuvieron lugar a raíz de la crisis inmobiliaria y que se cebó especialmente en las promociones de ‘sol y playa’.

No obstante, y antes de dejarnos llevar por el impulso de una oferta ventajosa, debemos hacer un ejercicio de análisis respecto de las implicaciones que puede tener la adquisición de una segunda vivienda.

Foto propiedad de: inmobiliariadehoy.com

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En primer lugar, debemos ser conscientes de que el actual marco de bajos tipos de interés no va a durar eternamente; por consiguiente, debemos ser especialmente cautos con el plazo y el tipo de interés que nos va a aplicar el banco. A día de hoy, podemos afirmar, sin demasiado temor a equivocarnos, que para plazos de amortización de hipotecas inferiores a 10 años, el tipo de interés variable sigue siendo más atractivo; sin embargo, para períodos superiores, el tipo fijo es más indicado y en mayor medida, si nuestro perfil inversor es moderado o conservador.

En segundo lugar, debemos tener en cuenta las implicaciones fiscales que tiene el hecho de ser propietario de una segunda vivienda.

Con objeto de que el IRPF refleje de la mejor forma posible la capacidad económica del contribuyente, Hacienda nos hace una asignación de renta sobre los inmuebles de nuestra propiedad no afectos a actividades económicas y distintos de nuestra vivienda habitual.

La renta que se debe declarar por este concepto corresponde al 2% del valor catastral del inmueble o al 1,10% si el valor catastral ha sido revisado después del 1 de enero de 1994.

Foto propiedad de: economiayfinanzasmx.com

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Por último, y si vamos a valorar la opción de alquiler durante los períodos que no vamos a hacer uso de nuestra vivienda, debemos tener en cuenta – además de las evidentes implicaciones fiscales que ello conlleva – dos consideraciones importantes:

1º) En función de la localización donde se encuentre nuestra vivienda, los períodos de ocupación y los precios que podremos obtener variarán de forma sensible. Así, una vivienda en primera línea de playa en la Bahía de Santander, difícilmente encontrará candidato para ser ocupada fuera de los meses de Julio y Agosto; sin embargo, una vivienda individual con jardín garaje y servicios complementarios, tipo Campo de Golf o similar en la Isla de Mallorca, tendrá un inmenso universo potencial de inquilinos en toda Europa durante prácticamente todo el año.

2º) Por último, será importante conocer la legislación específica relativa al alquiler de viviendas para uso turístico de la Comunidad Autónoma en cuestión. Sería complicado resumir aquí  las particularidades que aplica cada Comunidad Autónoma en su territorio, pero es algo que debe tener muy en cuenta aquel inversor que decida poner su casa en alquiler, ya que, según los casos, puede tener una incidencia muy relevante en la adecuación de la vivienda a la normativa local.